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martes, 14 de junio de 2016

DISCAPACIDAD Y TRABAJO CUANDO SER DIFERENTE HACE LA DIFERENCIA.



La discriminación, aunque generalmente se define como la acción de distinguir o separar, desde un punto de vista socio-psicológico implica un trato inadecuado y desigual hacia una persona o grupo, por razones diversas como la discapacidad.

Si bien muchas legislaciones reconocen la no discriminación y consideran que esta es un fenómeno poco común, la realidad es que la discriminación no desaparece por decretos o leyes. Basta con que una persona se sienta discriminada para que esta exista, pues la percepción es el núcleo del problema.

Las personas con discapacidad frecuentemente experimentan un trato que perciben como injusto, diferente o arbitrario. Este trato desigual puede ser negativo —como la exclusión, el rechazo, la burla y la segregación— o incluso positivo pero dañino, como la sobreprotección basada en la lástima, que limita su autonomía y participación plena en la vida social.

Esta realidad se manifiesta en todos los ámbitos, particularmente en la escuela, donde muchos niños y niñas con discapacidad son vistos como diferentes o dignos de lástima, situación que genera exclusión y refuerza estereotipos negativos.

Una causa importante de este trato desigual es la falta de conocimiento y sensibilización sobre las personas con discapacidad, sus potencialidades, capacidades y derechos. La heterogeneidad de este grupo hace necesario acercarse a su realidad con apertura y empatía, reconociendo que son, ante todo, personas iguales en dignidad y derechos.

Además, existen barreras reales que dificultan su acceso a oportunidades y servicios: arquitectónicas, de comunicación, de diseño de productos y tecnologías poco accesibles, que dificultan su participación efectiva. Estas barreras invisibles muchas veces son desconocidas por quienes no las enfrentan y son fuentes constantes de discriminación sentida.

Combatir esta discriminación requiere un cambio profundo en la conciencia social. No basta con leyes y reglamentos; es imprescindible fomentar la inclusión genuina, sensibilizar a la sociedad y garantizar la accesibilidad en todos los ámbitos.

Una sociedad que logra eliminar la discriminación hacia las personas con discapacidad es una sociedad más justa, solidaria y mejor para todos. La inclusión educativa, laboral y social debe basarse en el respeto, el reconocimiento de las capacidades individuales y la igualdad de derechos y responsabilidades.








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